DEL CUADERNO INEDITO DE HAMPATU CRÓNICA ABIERTA EL NIÑO MANUELITO ES CUSQUEÑO

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Cronistas hispanos narran la historia del «Niño Manuelito» cuya imagen reaparece cada año en Navidad en el Cusco. Se dice que en tiempos de la colonia, allá por el siglo XVII, los sacerdotes católicos españoles leían a voz en cuello páginas de la Biblia. Repetían con gran unción expresiones del profeta Isaías alabando a Emmanuel.

Cuando los llamados «indígenas» preguntaban qué significaba Emmanuel, los curas les explicaban que Emmanuel quería decir: *Dios con nosotros*. Era tan usual el nombre que pronto hispanos y nativos terminaron llamando al Mesías con el nombre de Manuel. Así fue que, en el Virreinato, tomó cuerpo la tradición cusqueña del “Niño Manuelito” que hoy prevalece, no obstante la influencia cada vez mayor del muy famoso “Papá Noel”.

En cada Navidad cusqueña, renace y se acrecienta la bondadosa imagen del “Niño Manuelito” que en realidad es el niño Jesús, el hijo encarnado del Dios Santo hecho hombre.

No hay hogar cusqueño seguidor de la tradición que no arme un nacimiento presidido por el Niño Manuelito, costumbre que permanece invariable desde la llegada de los españoles a tierra imperial.

A partir de las 7 horas del 24 de diciembre, como todos los años, el pequeño Manuel también estará presidiendo la “Feria del Santuranticuy”, otra costumbre bicentenaria que tiene lugar en la Plaza de Armas de la ciudad pétrea. Esta es una cita a la que la comunidad cusqueña y los visitantes asisten puntualmente, para adquirir y atesorar las maravillas que ofrece la artesanía regional. En efecto, artesanos cusqueños, muchos de ellos de renombre internacional, ponen a la venta sus mejores esculturas en homenaje al pequeño Salvador.

El “Niño Manuelito”, es un bello muchacho andino de piel chaposa con los brazos abiertos y una mirada atractiva y sugerente. Sobre su tradicional presencia se han tejido innumerables historias que el artesano esculpe con singular óptica: lo muestra ora cansado ora pensativo, sonriente y hasta misterioso; unas veces gateando y otras derramando lágrimas.

En el «Santuranticuy» (compra de santos) tradicional de la plaza de armas, el visitante podrá encontrar Niños Manuelitos trabajados según la exquisita imaginación de los artesanos.

Dice la crónica que los artífices *esculpen al Niño Manuelito imaginado en episodios disímiles: lo ven cansado y casi dormido, pensativo o risueño. Tiene la mano en la sien como tramando ideas misteriosas o mostrando preocupación por los avatares de la vida. También hay Manuelitos con las manos en el suelo, esforzándose por erguirse.

Antiguamente, en el interior de los muñecos se colocaban joyas, aduciendo –según la tradición– que el Manuelito debe tener “alma de oro”.

La leyenda cobra más vida a través de las historias que el pueblo teje y transmite a través del lenguaje oral. Se dice, por ejemplo, que el pequeño Dios oculta enigmas insondables y acciones inexplicables que fortalecen la fe popular. ¨A veces, en la gélida noche cusqueña, su imagen inmóvil empieza a parpadear reflejando en sus ojos un lago de paz y amor”. Se dice que, a medianoche, sonríe al cielo y camina con su esplendoroso atuendo hasta el portal de una iglesia, donde varios niños lo festejan. El Niño juega con ellos, se revuelve en el pasto y en la tierra y se ensucia como ellos.

Pero también el Niño Manuelito forma parte de la modernidad sin abandonar su tradición. Los navegantes de internet pueden apreciar sin restricción alguna su imagen santa, traviesa, optimista, ejemplar e inocente con el marco musical de hermosos villancicos coreados en quechua y español.

Así se eterniza la pureza espiritual del pueblo y sus tradiciones.

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