«SOLIDAS POLÍTICAS DE ESTADO» Escrito por GILBERTO MUÑIZ CAPARÓ

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En el Perú se requiere crecimiento armónico en base a una correcta distribución de recursos que redunde en inversiones equilibradas y oportunas. Esa será la gran luz para desaparecer oscuridades, la porción de amor para erradicar pasiones, el grado de racionalidad para descubrir el hondo de la estrechez humana. Ya es tiempo de desaparecer desigualdades por causa de la ausencia de recursos especialmente en los pueblos alejados de la capital, entre ellos los indígenas andinos y amazónicos que sufren el más cruel abandono de parte del estado y es hora de entregar una cuota de rectitud y equidad para encarrilar el país por la ruta del desarrollo solidario.


Las políticas de estado obedecen a un interés comunitario integral manejado por líderes insobornables y competentes. Deben permanecer invariables en el tiempo sin que sean afectadas por los cambios rutinarios de los gobiernos que, ahora, surgen improvisadamente o en base a prebendas innombrables. Todo ello, con la anuencia de electores desinformados e indiferentes. Causa desazón comprobar que los candidatos llegan al poder utilizando artificios vetados por la moral y embadurnados con riqueza mal habida. No puede ser que los gobiernos se conviertan en almácigos de la corrupción.
No es fácil concordar para el establecimiento de políticas de largo plazo, pero, debería hacerse el esfuerzo de aprender a concertar para el buen manejo de la cuestión pública para que haya igualdad de oportunidades en la nación. Las políticas de estado en agricultura, educación, salud, saneamiento, vivienda, cultura, conocimiento, minería, entre otras, deberían ser definidas por consenso del total de los actores sociales y mantenerse sin

variación en el tiempo. No es aceptable que quinquenio tras quinquenio, por errores imperdonables del elector despistado (desinformado), quedemos, los peruanos, sometidos a decisiones que se toman según el humor y el interés personal de los gobernantes de turno que acceden al poder sin contar con las calificaciones de estadistas. Es necesario integrar la nación, no sólo a través de las indispensables vías de comunicación y energía sino unificando a los peruanos, para que todos y cada uno de ellos, pudieran hacer aportes sustantivos al desarrollo sostenible.
Se trata de buscar que quienes accedan al gobierno, lo hagan pensando en definir políticas de estado inalterables hasta alcanzar el desarrollo del país. Debemos evitar el desorden y la informalidad en el seno de los gobiernos nacional, regional y municipal, para que la nación peruana no siga hundida en el caos, la violencia y la corrupción que degeneran en conflictos y reclamaciones con la consiguiente desconfianza y frustración colectiva.
Una fórmula apropiada para evitar los conflictos que el país soporta, es acelerar el desarrollo empezando por reconocer la autonomía de los pueblos que tienen la primerísima prioridad de promover inversiones sustantivas para salir de la pobreza.

Esta dinámica, sin duda, eliminaría el resentimiento individual y colectivo con el estado, dando a todos los peruanos las mismas oportunidades de una existencia decorosa. El desorden, la informalidad, la inseguridad, las protestas y reclamaciones colectivas que degeneran en violencia; las frustraciones, la desesperanza, la corrupción, la desconfianza son secuelas de la pobreza que se manifiesta como causa de las carencias en salud, en educación y en otros servicios indispensables para vivir como seres humanos. Es necesario integrar la nación, no sólo a través de las indispensables vías de comunicación y energía sino unificando a los peruanos, para que todos y cada uno de ellos, puedan hacer aportes sustantivos al desarrollo sostenible.
Emprender programas asistencialistas, por buena intención que tuviera el gobernante, seguirán siendo paliativos desatinados. El estado, organizando


un Plan de inversiones para el Desarrollo descentralista, complementario, alternativo y concertado estaría en la posición de reponer cuanto antes la enorme deuda que tiene con los pueblos deprimidos. Recordemos que la pobreza en el Perú se anidó durante la invasión y creció sin control con el sistema republicano a partir de 1821. En esos tiempos, los hijos y nietos de españoles nacidos en el Perú, llamados criollos, se sentían dueños del país. Consideraban invasores a los europeos e indeseables a los mestizos, sin contar que para ellos, los indígenas, eran algo así como bestias de carga sin derecho a nada. En lugar de reconocer que tenían en sus manos un país conformado por seres de diversas expresiones culturales con raíces indestructibles; lejos de proponer una nación ensamblada, independiente, sólida, integral, que se cimentara en la autonomía de los pueblos para que estos pudieran auto gobernarse, formaron su grupo y se apropiaron del estado.
En el Perú de hoy, para acabar con la pobreza, la principal causa de sus graves problemas, se requiere crecimiento armónico en base a una correcta y metódica distribución de ingresos que redunde en inversiones equilibradas y oportunas. Como resultado inmediato de una reacción tan anhelada, las comunidades –hoy abandonadas a su suerte– estarían en condiciones de cooperar creando puestos de trabajo y generando riqueza en feliz alianza con la empresa privada y con los gobiernos regionales, locales y comunitarios en camino al desarrollo sostenible.
Julio Gilberto Muñiz Caparó

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