ALGO MÁS DE HEINRICH HELBERG

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Heinrich Helberg Chávez

ESCRIBO primero que nada para agradecerles sus opiniones y críticas vertidas. Es un privilegio contar con opiniones expresadas tan espontáneamente.
Y puedo entender la sorpresa frente a mi escrito sobre políticas educativas, Piaget y la pedagogía activa, porque encaro a científicos como Jean Piaget que tienen un amplio reconocimiento internacional. Pero la ciencia tiene que renovarse y reinterpretar sus propios logros a la luz de nuevas experiencias, así como Galileo Galilei se enfrenta a la iglesia diciendo que aquí hay unas observaciones astronómicas que no quieren encajar en la magnífica interpretación aristotélica del cosmos. Igualmente tenemos unas inconsistencias lógicas, que nos hacen reconocer que aquí hay prejuicios culturales trabajando que hacen que el modelo de interpretación de Piaget no funcione o sea socialmente inaceptable.

Los criterios sociales están claros: no se puede poner a la cultura científica de origen europeo y a la visión científica del mundo como medida de avance en el desarrollo de la persona (ni de las sociedades), porque hay más de seis mil culturas en el mundo que tienen otras propuestas de conocimiento que no son “científicas”, y entonces poner a las ciencias de origen europeo como ideal o expresión máxima de la humanidad es un claro etnocentrismo y más todavía es pensamiento hegemónico. Y una vez tomada esta decisión se sigue que el resto de criterios subordinados al principal están también viciados. Pero obviamente los hemos discutido por separado como lo merecen.
Y en cuanto al mismo proceso de aprendizaje, el problema es otro. Surge cuando la teoría supone la existencia de “imágenes mentales”, “esquemas” o de “fenómenos interiores”, que son un recurso de explicación recurrente en la cultura europea (y en muchas otras) y de varias filosofías de corte idealista. Todas suponen que puede haber un pensamiento/lenguaje privado, un pensar de uno con uno mismo, como se le conoce en la discusión filosófica de los años 70 y 80 y cuyo resultado fue negativo. Lo resume Sir Anthony Kenny, quien dice que el argumento de Wittgenstein sobre el lenguaje privado, destruye no solo la metafísica de Descartes, sino también la de los empiristas británicos y los positivistas lógicos, en la medida que pensaron que lo que es público [el habla]puede construirse a partir de lo que es privado [el pensamiento]”. Pero algunos de los supuestos de la metafísica cartesiana son ahora retomados por los científicos cognitivos”. Así Kenny.
No se reconoce la autonomía del lenguaje, y que es el lenguaje (transmitido de generación en generación por la socialización) el que pone los criterios para medir tanto lo subjetivo como lo objetivo (Helberg: Dimensiones de la Realidad, Introducción 2007). El punto de partida no es la existencia de la mente, ni la del mundo, es la práctica social. “El fallar en reconocer eso es caer en uno de los reduccionismos fuera de lugar: la reducción de la mente al comportamiento o la reducción al cerebro” dice Kenny. (Sir Anthony Kenny : Aristotle and Wittgenstein. The Inaugural lecture of the BWS Ludwig Wittgenstein Lecture Series took place on 7 November 2008. Reporte por Dr. John Preston)
Los lingüistas participaron por ese entonces de forma activa en esa discusión, pero los educadores se fijaron solo en la forma tan especial cómo Ludwig Wittgenstein dictaba clase, enseñando a pensar sin dar conclusiones, y cómo cuestionó en su época limitaciones de género, pero no se fijaron o no estuvieron en condiciones de extraer las consecuencias de su pensamiento para la educación y menos de extraer y trabajar en detalle esa lógica práctica, a pesar de la magnitud universal de la discusión académica sobre el lenguaje privado.
Yo mismo participé de esa discusión y publiqué un artículo en la Festschrift de Antonio Tovar en 1984, un artículo sobre el análisis de comprensión del espíritu y los espíritus y posteriormente un libro Mbaisik… en la penumbra del atardecer de 1996, donde demuestro una nueva manera de entender una cultura amazónica, los harakbut, y el discurso mítico. Y además propongo una antropología dialogal, que supera las limitaciones de la ciencia. Lo que llama la atención es que algunos de mis lectores se pongan en actitud defensiva, lo que no exactamente denota una actitud científica abierta siempre a la innovación, a riesgo de cuestionar muchos convencionalismos.
Todos estamos en riesgo de cometer etnocentrismos, y hay que estar alerta para no caer en eso, muchas veces sin darnos cuenta. De manera que no se trata solo de que Heinrich Helberg tenga el atrevimiento de cuestionar al establecimiento intelectual, sino que aquí entran otras fuerzas en acción: entre aquellos que quieren renovar el conocimiento, la cultura y las formas de vivir humanas, y aquellos otros más conservadores. (Claro que Noam Chomsky es un potente crítico y renovador social, pero su teoría lingüística también es renovadora pero sin romper los esquemas científicos, es decir, con las inconsecuencias lógicas señaladas abajo).
Cierto es que los colegas lingüistas, especialmente la escuela de Chomsky no aceptaron el resultado de la discusión filosófica, aduciendo que hay un dispositivo (divise) genético responsable del lenguaje humano. Pero ese argumento exige no solo explicar cuál es ese divise y demostrarlo empíricamente, sino que además tiene el defecto que no explica el comportamiento social. Porque los genes son individuales y lo único que puede hacer que se sepa si actuamos de forma convenida, social, es otra vez el comportamiento social. Sino actuaríamos como cajitas de música, todos programados o como ángeles guiados por el dedo de Dios. Pero la práctica humana es creativa, modifica las reglas y no solo las aplicaciones de las reglas. Por eso no hay otra salida sino reconocer que la vida social es una práctica regular que se controla a sí misma y se recrea. Y esa es una conclusión válida para todas las ciencias sociales y también para la biología. Y todas tendrán que revisarse.
El tema aquí es por qué, incomprensiblemente la comunidad educativa quedó fuera de la discusión. Pero mi invitación es a corregirlo. Y si el motivo secreto de los lingüístas es que no podían abandonar la descripción que objetiva el lenguaje como código, porque si se elimina el código como metafórico, que es la crítica que se le hace, entonces se quedan sin un lenguaje descriptivo. Y este es un argumento válido pero circunstancial, superable y entonces lo consecuente es demostrarles que hay otra lógica práctica, que es la que usa el hablante, que si bien no satisface las expectativas tradicionales de un trabajo científico, porque éstas no aplican, sí es la que demostrablemente usan los hablantes, se mueven en esa lógica y la aplican para hablar. Y es con esa lógica que el niño habla. 20 años de trabajo de la filosofía de lenguaje sobre la lógica del lenguaje cotidiano lo avalan. Y lo que estamos viendo delante de los ojos es que el método científico también puede no ser útil y desviar una investigación: por ejemplo el querer definir el objeto de una ciencia llevó a su mistificación como código lingüístico y una discusión estéril entre mentalistas y positivistas: un neto engendro cultural de Occidente.
Y respecto a las matemáticas: estoy de acuerdo que tienen un origen social, en la experiencia y en el lenguaje cotidianos, en muchas culturas y de varias formas, pero a partir de allí siguen por caminos individuales y escuelas. Pienso sin embargo, que su rol social está mistificado/sobrevalorado en la educación y en las ciencias eurocéntricas. Cuando las matemáticas expresan regularidades el lenguaje formal no agrega ni quita nada al conocimiento verbal que lo motiva, solo aporta la facilidad comunicativa con otros y eso me lo confirma cuánto científico he consultado. Pero si un símbolo está mal definido porque no se entendió un concepto o si una relación está mal pensada, no lo corrige la notación formal de la matemática, las matemáticas lo encubren.
Y respecto a la idea que la naturaleza se expresa en proporciones y matemáticas, creo que es una visión del mundo, como muchas otras, que generaliza más allá de lo aceptable. Sabemos que el mundo conoce regularidades e irregularidades, como el comportamiento aleatorio de los sistemas genéticos, o el camino, todo los días distinto, al abrevadero de los leones. Lo que hay que revisar es la visión del mundo, como la plantea el siglo XIX, totalmente gobernada por leyes naturales. Eso es casi una teología profana. Y una visión que es en su integridad producto de las ansias de poder, del deseo de controlar la naturaleza, y es una visión que está totalmente manipulada y nada objetiva. Hay comportamientos regulares e irregulares, eso es parte de la experiencia, el resto, las leyes naturales, es conjetura y resultado de muchas proyecciones incluyendo la palabra “ley” por regularidad. Pero obviamente la nueva experiencia es que el mismo comportamiento puede ser visto como regular o irregular, y la diferencia está en la visión, pero también en las matemáticas disponibles.
Y esta sí es una experiencia interesante porque nos permite entender tanto al curandero, en cuya visión del mundo figuran personificaciones de especies y de sistemas ecológicos y sociales, que dan cuenta de la regularidad/irregularidad de los comportamientos naturales, como las generalizaciones de la ciencia (que no tienen antena para los hechos individuales), y el tener la posibilidad de dar la razón a ambos es lo que nos hace interculturales. ¿Y de eso se trataba, no?

HEINRICH HELBERG

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